Con Madre Mazzarello, preparemos la Cuaresma: CUANDO LA CRUZ PESA MÁS, ¿QUÉ HACEMOS CON ELLA
Conmemoración Madre Mazzarello febrero 2026
¡Viva Jesús y María en nuestros corazones!
A veces la vida pesa.No por grandes tragedias, sino por el cansancio acumulado, las responsabilidades que no aflojan, las decisiones que no se pueden postergar. Vivimos queriendo sostenerlo todo, mientras por dentro sentimos que algo nos supera.
En la Cuaresma, nos damos cuenta de nuestras fragilidades. Y nos preguntamos, casi sin palabras: ¿qué hacemos cuando ya no podemos más? En este camino cuaresmal, Madre Mazzarello nos invita a vivir con el corazón despierto, uniendo fe y vida también —y sobre todo— cuando la vida pesa.

Nos movemos constantemente entre tensiones:
queremos cuidar, pero terminamos exigiéndonos; queremos confiar, pero controlamos; queremos escuchar, pero seguimos haciendo.
Cuando la cruz se vuelve pesada, nuestra reacción espontánea suele ser evitarla, resistirla o simplemente aguantarla.
Pero el discernimiento espiritual cotidiano nos propone otra lógica: no huir de la realidad, sino aprender a leerla con Dios.
Durante el difícil viaje a Saint-Cyr, en 1881, Madre Mazzarello ya se encontraba gravemente enferma. Compartiendo el cansancio y el dolor del camino, dejó a sus hermanas un consejo que no nace de la teoría, sino de la vida atravesada por la cruz:
«¡Ánimo! Vendrán días en que la cruz se hará muy pesada; entonces es el tiempo de estrecharla más al corazón y de prometer fidelidad a Jesús crucificado» (MACCONO, Santa Maria Domenica Mazzarello II, IV cap., Cronistoria III, 179).
La Madre no invita a negar el sufrimiento ni a soportarlo pasivamente. Propone una dinámica profundamente evangélica y educativa: cuando la cruz pesa más, no se rechaza, se acerca al corazón. Es decir, se une al amor y a la voluntad, convirtiéndose en lugar de fidelidad y no de endurecimiento.
Aquí hay una clave decisiva para nuestro camino cuaresmal: discernir no es evitar la cruz, sino elegir cómo vivirla.
La Palabra acompaña esta sabiduría carismática: «Examínenlo todo y quédense con lo bueno» (1 Tes 5,21).
La cruz también se examina para descubrir qué puede engendrar cuando se vive con el corazón despierto.
Nos preguntamos juntos:
¿Qué cruces estoy viviendo hoy?
¿Las rechazo, las soporto o las acerco al corazón?
¿Qué cambia cuando decido vivirlas con fidelidad y no con resignación?
Te propongo dos acciones concretas para tu discernimiento espiritual de esta semana:

El gesto del «Sí»: Cuando sientas una contrariedad (tráfico, una mala contestación, cansancio), en lugar de rechazarla mentalmente, respira hondo y di interiormente: «Jesús, aquí estás tú, aquí estoy yo. Lo estrecho a mi corazón para transformarlo en amor».

Silencio de adhesión: Dedica 5 minutos al final del día no a repasar lo que salió mal, sino a agradecer la fuerza que tuviste para seguir adelante. Eso es fidelidad en la prueba.
No caminamos solos. La Cuaresma es un itinerario para aligerar el equipaje, no para cargarlo más. Al estrechar nuestra realidad al corazón, como nos enseña Madre Mazzarello, recuperamos la paz interior y la alegría salesiana que nada ni nadie nos puede quitar. Sigamos caminando juntos descubriendo que la cruz, cuando se abraza, tiene la forma de un abrazo de Dios.
¿Te ha servido esta clave salesiana? Guárdalo para releerlo en comunidad o compártelo con ese amig@ que necesita un poco de «ánimo» hoy.
