Domingo de Resurrección

¡Cristo ha resucitado!
La Pascua no borra la cruz ni niega la herida, pero revela que el amor de Dios es más fuerte que todo lo que parecía final.
“Cristo resucitó” ¿qué significa esto en mi vida, en mi casa, en mi misión?”.
La resurrección no es solo una verdad para creer; es una luz para releer tus vínculos, tus recomienzos, tus cansancios y tu esperanza. Hoy celebramos que el bien sí triunfa. No siempre de manera rápida o espectacular, pero sí real. Y eso cambia la manera de vivir, de esperar y de educar.
Lectura del libro del Santo Evangelio según San Juan 19, 25-27
Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
«Vosotras, no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Palabra del Señor
Reflexión
Domingo de Pascua es la culminación del camino iniciado en Semana Santa, pero no como un “final feliz rápido”, sino como la revelación del sentido profundo de todo lo atravesado. No se trata solo de anunciar que Cristo resucitó, sino descubrir qué significa eso en nuestra propia historia.
La Pascua no borra la cruz ni niega la herida. “La resurrección no borra la cruz ni niega la herida, pero revela que el amor de Dios es más fuerte que todo lo que parecía final.” Esa frase resume muy bien el corazón del día. La noche fue real. El dolor fue real. El sepulcro fue real. Pero no tuvieron la última palabra.
Pascua fundamenta el misterio pascual: creer que Dios transforma lo que parecía perdido. No como magia ni como negación del sufrimiento, sino como una forma nueva de mirar y habitar la vida. En la tabla operativa del día, el paso interior es reconocer signos concretos de vida nueva en la propia historia, y la frase eje es luminosa: “Dios sabe abrir vida justo donde tú ya no esperabas nada.”
En clave salesiana, Madre Mazzarello ayuda a vivir esta Pascua como una alegría sobria, nacida de confiar en que Dios hace nuevas todas las cosas. Y eso cambia también nuestra manera de acompañar, esperar y comenzar de nuevo.
Tips para vivir más intensamente el
Domingo de Resurrección

Participa con alegría en la Eucaristía de Pascua en tu parroquia y vívela como el centro de esta fiesta.

Haz un momento concreto de oración de acción de gracias con Mateo 28,1-10 o Juan 20,1-9, nombrando tres signos de vida nueva en tu historia.

Comparte esperanza: llama a alguien, visita a un familiar o expresa gratitud; la Pascua se fortalece cuando se irradia.
Descubre los Via Lucis
¿Alguna vez habías escuchado sobre los via lucis? Te contamos el origen y la importancia de vivirlos en este tiempo de pascua
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):
AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Palabra del Señor

Colaboración del grupo de la Familia Salesiana «Testigos del Resucitado»



