Conmemoración Don Bosco Septiembre 2026

Don Bosco y su amor a la Palabra de Dios

Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal. 119 [118], 105)

Hay días en que llegamos a casa con la cabeza llena de palabras: mensajes, reuniones, preocupaciones, consejos. 

Queremos acompañar bien a nuestros hijos, pero terminamos hablando antes de escuchar. 

Algo parecido podría ocurrir en el bullicio de Valdocco. Allí, entre talleres, juegos y jóvenes inquietos, Don Bosco estaba convencido de que había una Palabra capaz de alimentar la vida.

Esa intuición nos interpela… continua leyendo y descubre la fuerza de la Palabra de Dios que transformaba diariamente la vida en Valdocco…

“Del corazón abierto a Dios, de nuestra oración, depende la posibilidad de que un texto bíblico se convierta para nosotros en Palabra viva de Dios. Y la Palabra de Dios, impregnada del Espíritu Santo, cuando se acoge con el corazón abierto, no deja las cosas como estaban antes. Inspira las buenas intenciones y apoya la acción, dándonos fuerza y serenidad; e, incluso cuando nos pone en crisis, nos da paz” (Papa Francisco audiencia 27-1-2021)

En el libro del “Il giovane provveduto”, Don Bosco llama a la Palabra “alimento del alma”. Pero no quería que quedara en la memoria. Invitaba a escucharla, conservarla y aplicarla a la propia conducta. Por eso resulta tan actual la voz del Padre:

“Este es mi Hijo amado, escuchadle” (Mc 9,7).

Escuchar la Palabra, para Don Bosco, terminaba conduciendo a escuchar a Jesús.
Valdocco nos enseña algo muy concreto. Don Bosco no acercaba la Biblia a los jóvenes mediante discursos difíciles. Narraba la Historia Sagrada con lenguaje sencillo, observaba qué comprendían y qué efecto producía en ellos; incluso utilizó imágenes, teatro y las paredes del Oratorio para que la Palabra pudiera encontrarlos en medio de la vida.
No rebajaba el Evangelio: acercaba el lenguaje para que el Evangelio llegara al corazón.

Ahí aparece el estilo salesiano. Jesús es el Buen Pastor:
“a sus ovejas las llama una por una” y “las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Jn 10,3-4). Don Bosco aprendió de ese Pastor una presencia que conoce, escucha y habla al corazón.

De la Palabra a nuestra historia

Emaús ofrece la misma pedagogía. Jesús se acerca a dos personas desanimadas, camina con ellas, escucha su historia y después abre las Escrituras hasta que reconocen: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón…?” (Lc 24,32).

La Palabra no borra nuestra realidad; nos ayuda a releerla desde Cristo.

y será que… ¿Estamos mirando las situaciones sólo como problemas? ¿Qué frase del Evangelio puede convertirse hoy en criterio para descubrir la voluntad de Dios en las situaciones que vivo?
Por eso… “Poned por obra la Palabra” (Sant 1,22).

En familia y como educadores

vivamos la práctica de escoger una frase del Evangelio y al final del día compartamos dónde nos acompañó en la vida diaria.

Así ocurría en Valdocco: la Palabra entraba en la vida y volvía a salir convertida en presencia educativa.
Seguimos caminando; dejamos que Cristo transforme nuestra mirada para acompañar con misericordia, esperanza y estilo salesiano.

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ORACIÓN

Jesús, Buen Pastor, entre tantas voces enséñanos a reconocer la tuya.
Que tu Palabra alimente nuestra vida, eduque nuestra mirada y transforme nuestra manera de acompañar.
Danos un corazón cercano como el de Don Bosco: capaz de escuchar antes de hablar, descubrir el bien antes de juzgar y ofrecer una palabra que abra esperanza. Amén

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