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Hay días en que llegamos a casa con la cabeza llena de palabras: mensajes, reuniones, preocupaciones, consejos.
Queremos acompañar bien a nuestros hijos, pero terminamos hablando antes de escuchar.
Algo parecido podría ocurrir en el bullicio de Valdocco. Allí, entre talleres, juegos y jóvenes inquietos, Don Bosco estaba convencido de que había una Palabra capaz de alimentar la vida.
Esa intuición nos interpela… continua leyendo y descubre la fuerza de la Palabra de Dios que transformaba diariamente la vida en Valdocco…