Conmemoración de Madre Mazzarello – Octubre 2026

En Mornés el Santo Rosario no termina en el “Amén”

A veces terminamos el Santo Rosario y, apenas decimos “amén”, la vida se vuelve a llenar de mensajes: una familia preocupada, un estudiante que se aísla, alguien que pide oración, un adolescente solo. 

Nos pasa que…podemos rezar por el mundo y, al mismo tiempo, no saber qué hacer con la necesidad que tenemos delante, y simplemente nos quedamos distantes.

Madre Mazzarello, amante de la devoción al Santo Rosario, nos muestra como en Mornés el Rosario impulsaba a la acción por los más necesitados… sigue leyendo.

León XIV insiste en que la misión necesita corazones unidos en Cristo y comunidades reconciliadas; rezar juntos, por tanto, no nos encierra: sino ensancha el corazón y nos vuelve disponibles a todos. 

El DOMUND 2026 lo formula desde la oración de Jesús: «Que todos sean uno… para que el mundo crea» (Jn 17,21). (cfr. León XIV Mensaje para las misiones 2026)

Mornés: cuando el amor se pone en movimiento

Madre Mazzarello no fue misionera ad gentes, es decir que no fue de los misioneros que marchan a tierras lejanas, sino fue una misionera plena en su propio lugar, con su gente, ella llevaba la misión en todo lo que realizaba. A don Juan Cagliero le escribió que, si Dios quisiera enviar a alguna hermana a América, «iríamos todas con mucho gusto». (Mazzarello, María Dominga, Carta #4, La sabiduría de la vida. Madrid, Editorial CCS, 1995, p. 121.)

Cuando hablamos del fuego misionero de Mornés, no hablamos de una idea. El 14 de noviembre de 1877, apenas cinco años después de la fundación del Instituto (1872), seis jóvenes Hijas de María Auxiliadora embarcaron en Génova rumbo a América, junto con Don Giacomo Costamagna. La mayor tenía 25 años y tres de ellas apenas 17: Sor Ángela Vallese, 23 años, responsable del grupo; Sor Giovanna Borgna, 17; Sor Ángela Cassulo, 25; Sor Ángela Denegri, 17; Sor Teresa Gedda, 24; y Sor Teresina Mazzarello, 17. Llegaron a Uruguay el 2 de diciembre.

Vale la pena detenernos en esas edades. Sor Ángela Vallese llevaba poco más de un año de profesión religiosa cuando recibió la responsabilidad de guiar a las primeras misioneras. Antes de partir, las hermanas tuvieron que pedir también el consentimiento de sus familias. Dejaban casa, vínculos, lengua y seguridades para comenzar una vida en favor de los jóvenes en una tierra que apenas conocían.

Y aquello no fue un gesto aislado. En 1879 partieron otras diez FMA hacia Buenos Aires; y en 1881 otras diez, destinadas a Argentina y Uruguay. El pequeño Instituto de Mornés estaba aprendiendo muy pronto que pertenecer a Cristo significaba también ensanchar la propia casa hasta hacer sitio a otros pueblos.

Quizá por eso impresiona tanto una frase que Sor Ángela Vallese escribió desde América a sus padres: «Nosotras no somos ni de América ni de Italia, nuestra casa se encuentra en todas partes». No era desprecio de las raíces; era la experiencia de un corazón cuya pertenencia se había hecho más grande.

Para nosotros, misión quizá no significará atravesar un océano. Pero sí puede plantearnos la misma pregunta: 

¿Qué seguridad, costumbre o frontera estamos dispuestos a atravesar para que alguien encuentre vida, educación, cercanía y esperanza?

Ahí encontramos una clave profundamente misionera: el Rosario puede ayudarnos a mirar con María la vida de Jesús hasta preguntarnos ¿a quién podemos hacernos cercanos?. 

La oración que permanece en Cristo aprende a reconocer al que queda fuera, al que necesita escucha, al que requiere una oportunidad. Entonces comprendemos a los discípulos de Emaús: «Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén» (Lc 24,33). 

El encuentro con Jesús, los devolvió a los demás.

¿Hacia quién nos envía hoy nuestra oración?

Iniciemos nuestra misión y: 

En familia: ofrezcamos una decena por una necesidad concreta y acordemos un gesto para ayudar juntos a alguien que lo necesita.

Como educadores: recemos aquel niño o joven, que suele quedar al margen y busquemos una forma real de acercarnos.

En grupo de amigos: compartamos en solidaridad con algún necesitado. Que también con nuestros amigos lleguemos más allá.

El Rosario no termina cuando soltamos las cuentas. Puede continuar en una llamada, una escucha, una visita, una conversación digital que acompaña. 

La misericordia nos pone en camino y nos recuerda que siempre es posible regresar a los demás.

Oración del
DOMUND 2026

Padre santo,
concédenos ser uno en Cristo,
arraigados en su amor que une y renueva.
Haz que todos los miembros de la Iglesia
estén unidos en la misión,
dóciles al Espíritu Santo,
valientes en dar testimonio del Evangelio,
anunciando y encarnando cada día
tu amor fiel por cada criatura.
Bendice a los misioneros y misioneras,
apóyalos en su esfuerzo,
presérvalos en la esperanza.
María, Reina de las Misiones,
acompaña nuestra labor evangelizadora
en todos los rincones de la tierra;
haznos instrumentos de paz
y haz que el mundo entero
reconozca en Cristo la luz que salva.
Amén.
-Papa León XIV

Comparte este artículo con una familia o un educador con quien puedas convertir una intención de oración en un pequeño gesto de misión. Guárdalo para releerlo en comunidad durante este mes del Rosario y del DOMUND.

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